me lamió los zapatos
con el estribo
de la puerta delantera
lamida a dis tan cia
con aparatos
los ojos cargados de colesterol
quiere-quisiera-que viaje por $1,10
por lo menos que no pague $1,25
pero el chancho
trabajando las esquinas
a la espera de un bocado
de una equivocación que lo equinoccie
le digo, con el brillo neutral
de los labios indelebles
y en otra lengua:
- le agradezco la amabilidad.
O no debiera?
La lengua de mis ojos lo nockea;
la lengua escotada de mis ojos
escoltados de pestañas balconeras volumen extra
lo enreda
el boleto sale tartamudo
achicado
en un silencio todo tacaño
la lengua de mis ojos
(que aprendí en Cracovia)
no tiene saliva
ni lágrimas
ni vocales
brillo sí tiene
souvenir
de
las
hogueras
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sábado, 18 de junho de 2011
quinta-feira, 2 de setembro de 2010
poema MUÑECAS Y THAMES libro dengue
MUÑECAS Y THAMES
La brillan cadenas
que sostienen los perros que pasea
Mitad cabello en tobogán ojos negros pechos directos boca brava andar acantilado
Mitad hocicos que la extreman
y que ella casi ahorca con toda la ternura siamesa de su semidiocez humana
mientras semisonríe
maniobrando las cadenas de acero oxidable y brillón
y las
boleadoras de bozales para bailar malambo en los cordones rotos de Villa Crespo
Navega las baldosas como su madre, Escila,
que protege algunas ollas turburiosas
del mar de Mesina
con una jauría en la pelvis
sirena ladradora
diosa griega mad max
p o l l e r a d e l a d r i d o s
m a x i f a l d a d e d i e n t e s
los colmillos cierran relámpago
en el brazo, tatuado un gato
en la risa…
Tan atractiva, tan peligrosa
La diosa del mar que detiene
a marineros
para morderlos
moja el dobladillo pedigree
en la garganta de los pescadores:
gallardos caballeros bautizados con escobas berretas
que empujan las mugres a fuerza de que no los incendie la inquisición penitenciaria
La afrentan colectiveros, tetrabrikeros,
bicichikos, mecánicos que muerden milanesas
tirados con un desgano sobrador en algún escalón libre de púas
y la bichean, la calan, la ojean, la relojean, le sonríen palabras con p
mientras esquivan el perejil de las muelas arregladas por dos pesos,
y se libran de sus pensamientos pasándose las mangas de la camisa por la boca,
los taxistas le jeje , con el brazo derecho apoyado en los años de antigüedad, y con el izquierdo bronceado por el oficio de atravesar lomas de burro con robusta pedantería, se atreven a gritarle…qué hayé, ridícula??
Único minuto cómplice con los choferes del transporte público colectivero:
Hay una perra suelta,
Y desafiante
Que se cree dios
Peor,
Se cree diosa
Se piensa que está en el mar
Con esa musculosa
Llevando tanto perro
Ocupando toda la vereda
Todas las miradas
Y en ese hermoso momento de tensión palestina
EllA para.
Para a sus perros.
Y yo creo
que desabrocha cada una de las boleadoras
de las cadenas
de los ladridos
un minuto
en el que ella podría hacer eso
para acabar con el almuerzo de los mecánicos
y con los brazos del taxista
y con la impaciencia del chofer
Y tirarles los perros encima.
Cada mediodía
le hago la oración
a mi Santa Perra,
para que equilibre la crueldad fascimacha del mundo.
Roberta Arta
La brillan cadenas
que sostienen los perros que pasea
Mitad cabello en tobogán ojos negros pechos directos boca brava andar acantilado
Mitad hocicos que la extreman
y que ella casi ahorca con toda la ternura siamesa de su semidiocez humana
mientras semisonríe
maniobrando las cadenas de acero oxidable y brillón
y las
boleadoras de bozales para bailar malambo en los cordones rotos de Villa Crespo
Navega las baldosas como su madre, Escila,
que protege algunas ollas turburiosas
del mar de Mesina
con una jauría en la pelvis
sirena ladradora
diosa griega mad max
p o l l e r a d e l a d r i d o s
m a x i f a l d a d e d i e n t e s
los colmillos cierran relámpago
en el brazo, tatuado un gato
en la risa…
Tan atractiva, tan peligrosa
La diosa del mar que detiene
a marineros
para morderlos
moja el dobladillo pedigree
en la garganta de los pescadores:
gallardos caballeros bautizados con escobas berretas
que empujan las mugres a fuerza de que no los incendie la inquisición penitenciaria
La afrentan colectiveros, tetrabrikeros,
bicichikos, mecánicos que muerden milanesas
tirados con un desgano sobrador en algún escalón libre de púas
y la bichean, la calan, la ojean, la relojean, le sonríen palabras con p
mientras esquivan el perejil de las muelas arregladas por dos pesos,
y se libran de sus pensamientos pasándose las mangas de la camisa por la boca,
los taxistas le jeje , con el brazo derecho apoyado en los años de antigüedad, y con el izquierdo bronceado por el oficio de atravesar lomas de burro con robusta pedantería, se atreven a gritarle…qué hayé, ridícula??
Único minuto cómplice con los choferes del transporte público colectivero:
Hay una perra suelta,
Y desafiante
Que se cree dios
Peor,
Se cree diosa
Se piensa que está en el mar
Con esa musculosa
Llevando tanto perro
Ocupando toda la vereda
Todas las miradas
Y en ese hermoso momento de tensión palestina
EllA para.
Para a sus perros.
Y yo creo
que desabrocha cada una de las boleadoras
de las cadenas
de los ladridos
un minuto
en el que ella podría hacer eso
para acabar con el almuerzo de los mecánicos
y con los brazos del taxista
y con la impaciencia del chofer
Y tirarles los perros encima.
Cada mediodía
le hago la oración
a mi Santa Perra,
para que equilibre la crueldad fascimacha del mundo.
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